miércoles, 3 de noviembre de 2010

MADRID EN GUERRA: LAS CALLES

En Madrid, pese a la guerra seguía siendo a mitad de 1937, un microcosmo.Paletos, señoritos del barrio de Salamanca, soldados, se confundían  y todos quedaban en el mism nivel social a la hora de correr y de refugiarse ante un bombardeo. Todos están acostumbrados al ruido de los cañones y las bombas. La vida tenía exigencias ineludibles, como salir a trabajar o hacer las inevitables colas para conseguir comida.
El zumbido de los proyectiles rompían las filas, suspendían el viandar de los paseantes, buscaban refugios en los quicios de las puertas tirándose a ellos, dando con el cuerpo en tierra. Luego, se reemprendía la marcha, aunque no todos. Algunos quedaban tendidos rotos, estampados en las paredes, y los niños, en los cuarteles o las Milicias. Otros bombardeos se anunciaban con sirenas, con lo que la gente se refugiaba en sus sótanos.

Con el tiempo, la gente fue perdiendo el miedo, y en contra de las repetidas instrucciones, muchas personas, cuando escuchaban las sirenas en la madrugada, se daban la vuelta en la cama y se disponían a seguir durmiendo, mientras la ciudad se caía a pedazos.

En la guerra, la vida cotidiana se transformaba en muerte cotidiana. A los mueros pot enfermedad o accidentes se sumaban las muertes propias de la violencia de la guerra, aparte de la del combate, la violencia de los llamados "paseos", que consistían en sacar del domicilio a alguien, para lo que conllevaba a un juicio previo generalmente parcial, precipitado o amañado, y todo por estar en la zona contraria a sus ideas.
La proliferación de los registros, en los que la declaración personal o la codicia de un enemigo personal era un motivo más corriente que la legítima sospecha sobre la ideología del inquilino, obligó al Ministerio e Gobernación a dictar medidas restrictivas de tal práctica.
Después de admitir la importancia de personas desafectas al régimen y elogiar  la eficacia de los grupos que a ello se dedica, añadía que "unas veces por exceso de celos y otros posibles errores han producido molestias innecesarias paralos fines que todos buscamos". El Estado formó las Milicias de Vigilancia de Retaguardia,s iendo los únicos autoriados a registrar la casa, de acuerdo con unas reglas estrictas: presenciado por el inquilino de la casa donde se realizase, y en ausencia del mismo, por el portero o un vecino.

La gerra no sólo influyó en la destrucción material de las calles sino que también la ideología de los dos bandos afectó al cambio de nombre de muchas calles y plazas. Así sucedió con la Cibeles,, a la que lllamaban, por los sacos de tierra que la protegían, "Plaza de la linda Tapada". Lo mismo ocurrió con Recoletos y el Prado, donde están ocultas las estatuas de los dioses con las pias e los mismos sacos, denominándolo "El Ocaso de los Dioses". La Plaza de Neptuno, donde por las proximidades del Hotel Palace, donde residían los mejores camuflados de Madrid, se conocía como Plaza de los Emboscados.
Se suprimieron las calles edicadas a los reyes godos, Austrias y Borbones, rebautizándolas con nuevos nombres: la Avenida de Alcalá Zamora se cambió por Avenida de la Reforma Agraria.

martes, 2 de noviembre de 2010

MADRID EN GUERRA: ATUENDO Y LA MUJER

Los atuendos fueron lo que más rápidamente cambió en las dos Españas a partir de 1936. Los ciudadanos que se atrevían a salir a las calles procuraron vestir de forma que no ofendiesen a los nuevos dueños de la situación.

En la zona republicana, la primera víctima de la depuración en el vestir fue el sombrero. Hoy es difícil comprender cómo una prenda inofensiva tenía carácter subversivo, pero en esta época el sombrero era signo e clase burguesa y e que lo llevaba se distinguía rapidamente del obrero manual, que usaba gorra o boina. 
La segunda prenda que se llevó la ola revolucionaria fue la corbata, por las mismas razones que la anterior. Los obreros sólo la usaban en circunstancias tan extraordinarias como na boda o un bautizo, para acercarse, aunque sólo fuera en apariencia a las clases altas. 
Igualmente, desaparecieron las joyas que hombres y mueres llevaban normalmente. En época revolucionaria, cualquier signo de exhibición de alhajas significaba animar al obrero armado a requisarlas. La ocultación era mayor si esos adornos llevaban signos religiosos.

En cuanto a la ropa para cubrir el cuerpo, dado que el riunfo de las fuerzas de izquierdas representaban la victoria del proletariado, se puso de moda su atavío característico, es decir, el mono azul de su trabajo, que de ropa indicada para trabajar en talleres  fábricas, pasó en convertirse en algo apgto para pasear por la calle. Este conjunto se convirtió en signo de la república. Esto era demasiao para los burgueses, que no podrían imitarlos nunca, o sería muy difícil.

El traje revolucioario acababa con unas alpargatas, calzado que caracterizaba al obrero español antes de la guerra. Eso sólo fue al principio, pues se hubo de adaptar el calzado militar.

En cuanto a las mujeres, las que no vestían el mono azul, vestían seriamente para o despertas las iras. Pero ellas buscan su femeneidad que n era compatible con el ambiente de guerra. A lo largo de la guerra, el atuendo fue cambiando, y las mujeres fueron sacando sus mejores galas.

L aimagen de la mujer adquirió dimensiones nuevas como se ve en los carteles propagandísticos. Presentan la imagen innovadora de muchacha joven, miliciana guapa vestida con el mono azul, cargando un fusil y que marcha con paso decidido a los frentes e guerra. Con ello contrasta la tradicional representación de mujer madura, madre defensora del hogar y protectora de sus hijos, que reclama la solidaridad antifascista y que insta a participar en la lucha.

Es la mujer la que arriesga su vida al salir a la calle y esperar largas colas en busca de alimentos  mientras bombardean la ciudad. Desde primer momento, las mujers se movilizaron de forma masiva y rompieron con su tradicional aislamiento del mundo político. 
Las mujeres aparecieron en las calles solas, cxomprometidas con actividaes como edificaciones de barricadas en las calles, cuidados de heridos, organización de resistencia en la retaguardia, realización de servcios de auxilio social, formación cultural y profesional, desarrollo de taleres costuras y fábricas.

MADRID: ABASTECIMIENTO DURANTE LA GUERRA CIVIL

El abastecimiento fue uno de los grandes problemas de Madrid durante la guerra civil. Madrid permaneció sitiada por más de dos años y en este transcurso de tiempo, la población comenzó a ver cómo escaseaban los productos de primera necesidad hasta llegar casi a desaparecer, o a conseguirlos mediante receta médica.

El racionamiento de alimentos se fue aciendo cotidiano paralos madrileños desde los primeros meses de la guerra, por lo que desde e principio se acostumbraron a las largas colas delante de los establecimientos para conseguir comida, al mercado negro que surgió por la escasez de alimentos y contra el que las autoridadesl ocales no podían luchar, a las subidas desorbitantes de los precios y a las cartillas de racionamiento ...

Antes estos problemas, las autoridades republicanas insistían en que la solución estaba en evacuar a la población de Madrid, que además, facilitaría su defensa. Pero contra todo pronóstico, la población se resistía a dejar su tierra.

Llegaron a ser tan acuciantes los problemas de abastecimiento que las masas de la izquierda se movilizaron a favor de los republicanos españoles. En Checoslovaquia se organizó una cotización de un franco por trabajador y un mes a favor de los combatientes del Frente Popular. En Holanda se enviaron alimentos, en Infglaterra se enviaron toneladas de leche en polvo y ropa, Nueva Zelanda envió 2000 libras esterlinas, los mineros ingleses compraron para sus compañeros republicanos 2000 toneladas de carbón, la asociacion de Amas de Casa de París enviaron 7 camiones de víveres, Copenhague mandó 126 cajas de leche en polvo, 48 cajas de carne en conserva y jabón

La escasez de productos de primera necesidad, desde el principio, además de otros productos como leña o tabaco, su precaria y enmarañada distribución por falta de transportes, y con ello el racionamiento, la desorbitada subida de precios, el acaparamiento de víveres, la especulación y el mercado negro, fueron las variables que acentuaron la tragedia. 

El sistema generalizado de suministro consistió en el reparto de unos vales, dados por partidos y sindicatos y canjeados en tiendas y comercios por artículos de primera necesidad.

En Madrid, el ayuntamiento emitió vales de 0.5 pesetas y lo distribuyó entre la población a través de partidos y sindicatos, Durante julio-agosto de 1936 las existencias fueron suficientes: los comerciantes, organizadores empresariales y poíticos fueron acopando alimentos; más tarde con el escaseamiento, la crítica centró en el miedo al despilfarro y al acaparamiento.


La falta de víveres en la retaguardia republicana fue un fenómeno generalizado. Los primeros síntomas de escasez se dieron en septiembre de 1936, y en octubre faltaban productos como el trigo, el carbón o la carne. Un alimento tan básico como el pan, comenzó a faltar de forma alarmante en los prmeros meses de 1937, y en marzo llegó su racionamiento a Madrid.


Para el abastecimiento de Marid se tomaron medidas como tomar el trigo de las onas limítrofes a la provincia y Ciudad Real. El racoinamiento de pan se fió en cantidades que oscilaban entre 50-150g. El resto de productos de primera necesidad comenzaron a escasear a finales de 1936, se agravó en 1937 y culminó en 1938. 
La base de la alimentación consistió en arroz, algunas legumbres como las lentejas, verduras aceite, hortalizas , y otros productos como la alfalfa , y a medida que fueron escaseando, la sociedad se las ingenió para sacar más partido a lo que había, como hacer caldos con los cardos borriqueros o tortillas sin huevo.


El racionamiento se puso en marcha en Madrid en noviembre de 1936. Las autoridades marcaban las cantidades por persona y día. Un ejemplo de este racionamiento lo tenemos en el documento de la Junta de Defensa, que establecía las cantidades correspondientes a cada persona:


Cada día:
-Leche: 1/4 l
-Pan: 500g
- Carne: 100g
-Tocino: 50g
- Fruta: 500g
-Sopa: 50g
-Patatas: 200g
-Legtumbres: 100g


En 3 veces a la semana:
-Pescado:200g
-Arroz:100g
-Azúcar:50g
-Huevos:2 unidades


1 vez en semana
-Aceite:1/2l
-Café:50g
-Carbón:3kg
-Jabón:400g
-Queso: 100g
-Bacalao:100g
-Leche condensada:1 bote
-Fiambres: 100g
-Conservas de pescado o carne:100g
-Conserva de verduras:200g

Lógicamente, con el paso de la guerra, los alimentos empezaron a escasear con urgencia. Así, el racionamiento en 1938 consistió en pequeas cantidades de lentejas, arroz y aceite. Se arbitraron diversos cvréditos por parte del godeto con organizaciones sindicales y la ayuda de entidades bnéficas, lograron otros canales de aprovisionamiento.


Por otro lado, el control de los precios y la represión del fraude se convirtió en uno de los problemas para la República más importantes. Sin embargo, el almacenamiento y aprovisionamiento de víveres con fines especulativos y el consiguiente fraude desembocaron en un abusivo mercado negro, donde los precios de artículos adquirían cifras desorbitadas.


Por lo que respecta al fraue, los que más se aprovecharon fueron los comerciantes: guardaban alimentos sin vender hasta que escaseaban para luego venderlos a preciosde infarto, o algunas tiendas tenían otros métodos para enriquecerse, como obligar a sus compradores llevarse otros productos, además del que necesitaban o iban buscando. 
Mientras más empeoraban los abastecimientos, más crecía el fraude. 


Las autoridades intentaban controlar la situación, fijando unos precios oficiales que regularan el mercado, alfgo difícil de cumplimentar, pues no era los reales que se pagaban en el mercado realmente. 


Observamos que desde septiembre de 1937 a marzo de 1938, los precios subieron. Vemos que fue un año de mal abastecimiento. Los casos de falsficación de documentos, especialmente recetas médicas dadas para adquirir ciertos alimentos, como leche o azúcar, para embarazadas ancianos, niños y enfermos, multiplicándose a partir de esta fecha.


Con la necesidad salió la picaresca: la gente se hacía pasar por enfermos, inventaban familias que no existían u saban el nombre de aquellas que entre otras razones, bien habían muerto, o habían sido evacuados.


Llegó a ser tan importante el racionamiento y abastecimiento de alimentos, que los madrileños no se preocupaban tanto por ver el diario para conocer el transcurso de la guerrra como para saber dónde se repartía comida. Llegó a tal la desesperación por el hambre que muchos desearon la entrada pronta de Franco para acabar con la situación.


En este sentido, Franco tenía la guerra ganada, pues tenía tomadas todas las zonas agrícolas, mientras que en la zona republicana quedó la parte industrial. Por loq ue la zona franquista no tuvo carencias de alimentos y los precios se mantuvieron. 


Anuncios como estos eran normales en la prensa:
- "Hoy habrá carne en abundancia" publicado el 17 de septiembre de 1936


A principios del 39, el racionamiento llegó a rozar la tragedia. Los madrileiños recibían una dieta diaria de unas 800 calorías. Los nios se criaban con una alimentación insuficiente y los enfermos no tenían suficientes medicinas.





sábado, 30 de octubre de 2010

ESTRAPERLO

Hace cola en el super, la saliva se acumula y vuelve el recuerdo del sabor del chocolate de algarroba. En el momento de tikar los alimentos, al mismo tiemo que se escucha una suave canción que registra mi mente y lo asocia al mismo producto. 

No puedo evitar, al entregar a la cajera una cartilla de plástico para rellenar los distintos cupones y conseguir una artén, recordar las antiguas cartillas de racionamiento, un impreso dolorosamente familiar para muchas generaciones e consumidores. 

El azúcar, el aceite, el bacalaoel tocino y los garbanzos se exponían en los colmados como piezas de museo. El racionamiento era la acción del gobierno destinada a controlar la distribución de mercancías, asignando a cada español determinada cantidad de los artículos que más escaseaban, en este caso una ración. Este control no impidió la aparición de un mercado negro: el estraperlo. 

El 22 de marzo de 1952, 13º aniversario de la Victoria, el Consejo de Ministros anunciaba que, a partir del 1 de abril , se suprimía el racionamiento el pan. La fecha marca el final de la posguerra y el abandono de ua política autárquica que dará paso a una tímida apertura al exterior. 
"Todas las personas, incluidas en el régimen de racionamiento podrán adquirir libremete y sin necesidad de recorte  e cupón, la cantidad de pan que desee. El gobierno, da muestra así una vez más,  de la clara orientación de su política  hacia la normalidad de los mercados y confirma la base real del optimismo de la economía española". 
El racionamiento de combustible y materias primas siguió unos años más.


La cartilla era en realidad un talonario  formado por varios cupones, en el que se hacía constar la cantidad y el tipo de producto que se adquiría. Las había de primera, segunda y tercera categoría, en función del nivel social, el estado de salud y el trabajo del cabeza de familia. Los alimentos se podían adquirir en un determinado periodo de tiempo, en establecimientos, siempre sujetos al control de la administración pública. Los funcionarios de las mismas se denominaban "los de abastos".

Cuando los de abastos llegaban a las aldeas, los campesinos escondían los sacos de legumres en lso tejados, conducían a los cerdos al monte, y no hay quien construyó una doble pared en casa para ocultar sacos de trigo y harina.



Algunos presos cuentan que en estas épocas de hambre, sus familias  les enviaban comida, y recibían piedras, pues la guardia hacía que no tuvieran nada. Y si les daban grasa, como no estaban acostumbraos, 2se iban al otro barrio".

Mucha hambre huo en Tarifa, y alguns cuentan que algunos se tiraban a un foso para recoger las patatas podridas que tiraban los soldados que no querían.
El Racionamiento no sirvió para nada. La gente con dinero seguía comiendo bien. En Tarifa era usual el estraperlo, aunque poco reconocido. Salieron muchas tarrinas de manteca, café y azúcar, obteniendo de Gibraltar la penicilina.


Te agujereaban con un punzón la tarjeta cada vez que se compraba pan con serrín. Irónicamente era el pan integral de hoy, casi un producto de lujo. Si conocías a un panadero, le llevabas la libreta. Pasaba de nuevo el punzón y podías conseguir otra barra. 
A la muy perseguida falsificación de cartillas, pronto se sumó la venta de tarjetas de fumadores, entregadas a los mayores de 18 años. Los economatos de miniaterios y grandes empresas recibían más suministros que comercializaan. Allí tenías la posibilidad de comprar carne. Algún conocido podía proporcionarte la tarjeta y comprarla sin esperar colas.


Matutera o estraperlista viene a significar lo mismo: persona que introduce géneros en una población eludiendo impuestos. Da igual hombre o mujer, pero en esta zona del campo de Gibraltar, y ya en los años 40-50, donde este oficio se extinguía, la mujer dedicada a esto se conocía como "matutera"; lo de estraperlista se dedicaba al género masculino que hacía la misma función.

ESTRAPERLO EN EL VALLE DE LECRIN

El Valle de Lecrin no fue una excepción al negocio del estraperlo de posguerra que se vivió en España, y en especial, aquellos lugares don de la economía agraria de forma autárquica dio especial interés a productos como la harina, el azúcar, pan, aceite, y en menor escala la carne, el vino ...
Así, mientras que la mayoría de la comarca no llegaba a fin de mes, y pasaban hambre, otros vendían de noche con cuadrillas de mulos cargados de harina o aceite ... Les era más fácil hacerlo en el silencio de la noche, y en muchos casos, con la complicidad de las autoridaes y la benemérita.
Los miembros de los ayuntamientos dirigidos  por las brigadas de Falange  y otros grupos profrancos, vigilaban e hicieron silenciar tales movimientos en torno a este valle.

Pese a que no siempre funcionaba, el estraperlo se acercaba siempre a aquellos que se manejaban en el mundo de la harina o el aceite. Cuando la gente comenzó a darse cuenta, y fue corrigiéndolo, abandonó el  campo para irse a la ciudad, a las fronteras, a la exportación-importación

CONTRABANDO ONUBENSE

El mundo del contrabando y la vida del contrabandista se desarrollaba en el seno de una sociedad dividida por las secuelas de la guerra civil  y acuciada por la mordiente necesidad de la postguerra. Era un submundi integrado en el conjunto de las acrividades económicas en un sentido más amplio, con sus códigos, circuitos, reglas, cuyo centro de atraccxión principal estaba constituido por los sustanciosos y rápidos beneficios que reportaba a veces el tráfico ilegal de mercancías en uno y otro sentido de la Frontera. 

Y al pasar la guerra, fue cuando más hambre hubo y más necesidad, pues la mitad no tenían donde acostarse. Debido a la enorme miseria que se vivió en los años 40 y 50, por la escasez de productos de primera necesidad, el contrabando coenzó a proliferar con más fuerza que nunca en la frontera de la Sierra de Huelva con el Bajo Alentejo Portugués. Los pueblos fronterizos de Aroche, Encinasola, y Rosal de la Frontera, de Huelva, fueron los que más contrabanderaron. De la parte portuguesa citamos a Barrancos, Vila Verde de Ficahlo, Santo Alexio de Restauraçao.

El contrabandista era un personaje de clase baja, con trabajo temporal y cargas familiares, que hacía un pequeño negocio transportando mercancías que compraba en Portugal, generalmente tras haber perdido un préstamo. En algunos casos trabajaba a porte para una persona que invertía en la expedición, y pagaba un salario al "mochilero", para luego comercializar los productos. Era necesaria mucha valentía para hacer frente alos peligros de las noches, los lobos, la guardia y los ríos crecidos. 

La mujer del contrabandista llevó la peor parte del drama, que suponía que si apresaban a su marido perderían los pocos ingresos que entraban en casa, por no hablar de la multa. Esto lanzó a muchas de ellas a la frontera para exponerse a los peligros de la noche. 

En los primeros años, los productos que se intercambianan eran de primera necesidad, sobre todo alimentos. La harina era uno de ellos, que les servía para hacer pan y alimentar a toda la familia. En algunos casos, los contrabandistas portugueses mezclaban la harina con ceniza para que pesase más, dejándola inservible. De esto, sólo se daba cuenta una vez metido el pan en el horno, con lo que se puede comprobar que hubo gente que se benefició de la calamidades de otros.
El azúcar es otro producto que traían lso contrabandistas onubenses. Decir que hubo contrabandistas portugueses que traían de España chacinas y derivados del cerdo de la Sierra onubense.

Tras finalizar la guerra, el café portugués fue lo más demandado, adquiriéndose el kilo de café a 75 pesetas.

Los carabineros eran las fuerzas españolas de vigilancia del control de la frontera, y la Guardia Civil establecía controles de vigilancia conjunta , encargados además de vigilar las inmediaciones de los pueblos  y hacer registros de casas y vehículos. Por el lado portugués, las Guardiñas también vigilaban las fronteras, y si detenían a algún contrabandista, lo deportaban a los españoles. El arresto consistía en que los guardias se quedaban con el motín, y el arrestado era juzgado. Se le obligaba a pagar la multa, se subastaban sus bienes y era encarcelado.
En ocasiones, algunos guardias consentian ciertos sobornos para dejar a los mochileros cruzar la frontera. Hubo miembros de vigilancia que abusaron sexualmente de los mochileros para dejarles pasar sin detenerles.

Por otro lado, las torturas a los detenidos era algo habitual. Se dicen que los contrabandistas temían las palizas continuas que daban ls guardias al detenerles.
 Una vez detenidos, eran llevados a ser procesados y encarcelados en Huelva, donde la Hacienda Pública le acusaba de un delito comercial. Si se descubrían con dinero, se les acusaba de tráfico de divisas. 

PORTUGAL EN LA GUERRA

Debido a la situación geográfica de Huelva, , la cual limita en su parte este con  Sevilla y hace frontera con Portugal al oeste, ha sido desde el mismo momento el golpe de estado planeado por una parte del ejército de España el 17 de julio de 1936, territorio estratégico por su cercanía a tierras lusas, tanto para los sublevados que encontraron siempre el apoyo del gobierno de Salazar, como para algunos republicanos que huyeron buscando refugios gracias a la solidaridad del pueblo portugués.

Portugal apoyó desde el primer momento el alzamiento para derrocar al gobierno de la II República. La dictadura de Antonio de Oliveira Salazar  facilitó ayuda diplomática, cerró fronteras, las controló, y prestó ayuda militar a los sublevados a través de voluntarios  llamados "Viriatos" y grupos de aviación. 

El país luso ugó un papel importante en a trama golpista a favor de los sublevados, ya que en Estoril, Lisboa, se encontraba exiliado el General Sanjurjo, que unto a Emilio Mola y Francisco Franco, fue artífice de tal conspiración. 
Sanjurjo fue justamente detenido en Huelva cuando trataba de huir en 1932, tras haber sido cabecilla de otro intento de golpe de estado, ese mismo año en Sevilla. Tras estar en prisión, se le prohibe pisar suelo español, exiliándose en Portugal, donde sigue planeando un nuevo golpe a la república. 

La frontera entre Huelva-Portugal fue en los primeros días un lugar decisivo. El mismo 17 de julio de 1936, Pedro Borrero Limón, concejal y diputado provincial en Huelva por la derecha, ordenado por los dirigentes de la trama golpista de Sevilla, quiso cruzar la frontera de Huelva a Lisboa con la intención de informar a Sanjurjo sobre los acuerdos de Sevilla. Este hecho es importante, pues Sanjurjo hubiese sido el Jefe de Estado, y no Franco, si no hubiese fallecido en accidente de avión cuando se trasladaba hacia España, en concreto a Burgos.

1.REPRESIÓN.-

 Entre el 17-18 de ulio, los militares más conservadores españoles se levantaron en armas contra el gobierno de la II República. Un levantamiento que separó y  partió elpaís en dos. Por un lado, los sublevados, que buscaban derrocar a la República e imponer el régimen totalitario, y por otro lado, los republicanos izquierdistas, contrarios al alzamiento militar. 


Las tropas sublevadas durante esta "Cruzada", como la denominó el capellán Bernabé Copado, sembraron el terror en toda España republicana, a través de crueles medidas represivas, que aplicaron a todo aquel que se presentaba como un obstáculo en el camino hacia su gloriosa conquista, aniquilando todo atisbo de democracia. Esto hizo que la parte facciosa se sintiera con el derecho de cometer todas las atrocidades allí donde el golpe de estado fracasara, sometiendo a la población y obligándolas a hacer lo ordenado.


La represión de esta verano del  fue el mecanismo de depuración y sometimiento de nuestra historia más reciente. Los fusimamientos en masas, encarcelamientos y humillaciones públicas estaban a la orden del día. Muchas muers fueron rapadas y paseadas por las calles, tras haber ingerido un purgante de aceite de ricino. La violencia física y psíquica fue la usada por los sublevados para aniquilar cualquier reducto de libertad.


Huelva sufrió mucho durante la represión por parte de los fascistas, superando a Sevilla  y Cádiz en el número de víctimas. Hasta hoy, se ha constatado que murieron alrededor de 8000 personas.


Muchos decidieron huir de sus casas por miedo a ser fusilados o encarcelados. Algunos en principio buscaban refugio en casa de familiares y amigos. Otroos se internaron en zonas montañosas, esperando que el gobierno republicano resolviese cuanto antes la situación, y a lo largo de la frontera portuguesa encontramos casos de personas que tratan de atravesarla, pese al peligro que eso conlleva.


2. LOS HUIDOS ONUBENSES


El 18 de julio, Huelva capital y casi toda su provincia logra mantenerse fiel a la república. Esto no se mantuvo mucho tiempo, ya que desde Sevilla, gran foco de la sublevación, artieron numerosos contingentes , que ocuparon la capital el 29 de julio. 


La ocpuación del resto de la provincia se llevó a cabo de forma gradual, a través de la marcha de varias columnas militares. En agosto comenzó una segunda parte para hacerse con el centro provincial y el norte, dándose por concluida la ocupación total de la provincia en sepiembre de 1936.


La cuenca minera ounbense, caracterizada por tener un pensamiento siempre obrero y conciencia marxista, fue el punto de mira de las tropas militares. Se ideó un plan para derrocar toda resistencia obrera que existiese. Una misión donde todas las fuerzas debían confluir en ese punto. Cuando los militares llegaron a la zona, la mayoría de sus habitantes habían huido, muchos, refugiados en la Sierra Onubense.


La Columna Militar Redondo, que fue la que llevó a cabo la ocupación de la Sierra, estuvo siempre acompañada por el capellán Berbabé. 


Algunos huidos que estaban en la sierra trataron de llegar a territorio republicano por tierras extremeñas. El 24 de agosto llegó a Badajoz una enorme columna que intentaba llegar a zona republicana, formada por unos  8.000 hombres. Estos vivieron en Llerena una tragica situación, donde en una encerrona, murieron muchos hombres, niños y mujeres. Los supervivientes se dividieron para vagar por el campo.

Aquellos que se echaron al campo vivieron en condiciones de extrema dureza. Sin cobio ni alimento, debían desarrollar su ingenio para sobrevivir sin ser descubiertos. 
Para los facciosos, el tema de los huidos se convirtió en un problema de difícil solución, ya que no lograba capturarlos. Por ello, decidieron dirigir sus  miradas hacia sus familiares, aplicándoles duras medidas represivas con la intención de amedrantar a los fugitivos. Ejemplo es el de la familia del gueilleo onubense Fancisco Gómez "Cerreño", el cual tuvo que huir por tener ideas socialistas. A su hermana María la raparon yl e dieron el purgante. A su madre la detuvieron y el juez de la época era íntimo del comandante de puesto de Castillejos, deteniéndola a ella y a otra señora con la intención de fusilarla, pero el hermano le escribió advirtiéndole que si le pasaba algo se abstuviera a las consecuencias, echándola a la calle al poco tiempo. 


3. HUIDA Y REFUGIO EN PORTUGAL


Mientras el gobierno de Salazar apoyaba a los fascistas, el pueblo portugués comprendía la necesidad del pueblo español que huía y abandonaba todo por miedo a ser asesinados sin piedad o encarcelados sin motivos. 


En prácticamente todos los municipios de la frontera portuguesa con Huelva del Bajo Alentejo, ayudaban a estos republicanos que huían, dándoles alimentos, o simplemente no denunciándolos. Esto ocurría or las relaciones afectivas estalecidas con el tiempo. Existían vínculos afectivos y comerciales entre los habitantes de ambos lados de la frontera, propiciando la solidaridad.


Existe el caso de Rafael Macías, vecino del Rosal de la Frontera, que huyó a Portugal en el 36, ya que las tropas en su pueblo le iban a fusilar por ser socialista, al igual que hicieron con su padre, alcalde del pueblo de la época. Lo curioso es que estuvo refugiado casi 20 años  en Santo Alexio de restauraçao, a tan solo 15km de su pueblo, sin ser descubierto.


Sabemos por su nieta, que Rafael estuvo durmiendo este tiempo en una caverna y que los vecinos del puelo y la esposa del alcalde le daban alimento. En el pueblo todos le conocían, llamándole "Tio Sico".


Otro hombres portugués en este caso destacable fue el vecino de Santana de Cambas, Joao Gonçalves, quien no dudó en dar refugio a los republicanos. Pese a ser un hobre humilde que se ganaba la vida como tendero, no dudaba en dar su ayuda a quien le necesitaba. Muchos onubenses salvaron sus vidas del horror gracias a Joao. Según su hija, los españoles llegaban a su casa en grupos de 6-8. Dormían junto a la entrada de la puerta y cuando oían la tranca, se levantaban los dos para prepararles algo de pan con chorizo. A uno de los que más ayudó fue la "Cerreño".